La calle Alfarería pertenece al casco histórico de Triana y es una calle larguísima que mide 700 metros. Los adoquines son esencia de esta calle al igual que la gran parte del centro del barrio. Nace la calle la parte peatonal de San Jacinto y muere en la gran avenida de Ronda de Triana.
Tradición ceramista de Triana
El arrabal siempre ha estado enlazado con la actividad de la cerámica desde hace siglos, esta tradición ha sido parte esencial y tradición del barrio. Los pocos talleres cerámicos que quedan como recuerdo de su historia, se suceden en su mayoría en el entorno de Alfarería.
En la calle Callao, calle cercana a Alfarería, tienen los ceramistas y alfareros un monumento propuesto por el consistorio.
En el entorno a Alfarería existen aún edificios emblemáticos de antiguos talleres y fábricas que a su vez son de gran belleza por sus azulejos. El Museo de Cerámica de Triana también se ubica en esta zona.
En la calle Alfarería número 23 está la antigua fábrica de Cerámica Montalván que te llamará la atención al pasar. Manuel García Montalván la convirtió después en casa para la concepción de artistas.

El Alfarería 21, justo al lado, se encuentra la casa que construyó Juan Talavera de la Reina para Manuel García Montalván, digna de sus preciosas pinceladas barrocas. Su fachada resalta por su cerámica trianera y sus rejas sevillanas.
Los alfareros se concentraron en la zona de manera llamativa para realizar su artesanía pero este asentamiento de artistas no fue casual.
Esta elección de Triana para llevar a cabo su trabajo estuvo condicionada por algunos factores indiscutibles.
La localización del arrabal. El estar a las afueras de la ciudad, lejos del núcleo urbano fue muy importante. Los humos y las incomodidades de una industria cercana a la rutina vecinal favorecieron la elección.
En segundo lugar, trabajar a la vera del río Guadalquivir. Hasta sus muelles llegaban las pequeñitas embarcaciones con la materia prima, la arcilla, que se recogía de las márgenes del río. A los alfareros también les interesaba por la cómoda salida que le daban a sus productos a través del comercio fluvial.
Por último, era también un incentivo, la escasa población. Favorecía el poder tener parte del taller de trabajo al aire libre en los grandes corrales que tenían las casas en la parte trasera. De esta manera también organizaban sus materias primas como almacenaban sus obras manufacturadas.
El trasiego y la actividad de los alfareros de Triana era constante y daba una vida impresionante al sector.
El siglo XIX, confirmaba el buen estado de la alfarería con la instalación en la Cartuja de la Fábrica de Pickman, en 1841, y la de Sandeman McDougal algo más tarde, en San Juan de Aznalfarache.
Triana también aprovechó para instaurar propias marcas en el plano del azulejo. Así nace Mensaque, Montalván, Ramos Rejano o Laffite.
Los ceramistas más importantes de nuestra historia han vivido en el barrio de Triana.
Niculoso Pisano. Una de sus obras más destacadas es el retablo de la Visitación en el oratorio de los Reyes Católicos de los Reales Alcázares. En la calle Pureza de Triana en la Iglesia de Santa Ana está la lauda sepulcral de Iñigo López, una obra de arte.
Ferrán Martínez Guijarro, nombrado por los Reyes Católicos como proveedor oficial de azulejos para los Reales Alcázares, pasó parte de su vida en la señera calle Pureza.
Cristobal de Augusta, los Valladares o los hermanos Diego y Juan Polido que realizaran el conjunto de azulejos de la Casa de Pilatos en 1540, son nombres imprescindibles de este arte.
Pero si algo caracteriza a la genuina calle Alfarería, es por su puesto, la cantidad de patios de vecinos que la salpican, los famosos corrales.
Es un tipo de vivienda popular que se extendió a lo largo del siglo XIX. Surgió para paliar problemas de alojamiento, en ellos se compartían zonas comunes. Las condiciones en las que se vivía no eran muy óptimas y esta forma de vida era el reflejo de la sociedad, que compartía y convivía para su supervivencia.
La distribución típica de estos es el patio central con una fuente, de donde parten los pasillos o corredores en donde se sitúan las entradas a las viviendas. La convivencia en esos patios es socialmente llamativa ya que es donde se pasaba la mayor parte del tiempo alternando con los vecinos. Son un patrimonio único para entender la forma de ser de Triana.
En Triana llegó a haber un centenar de patios de vecinos, en la actualidad quedan muy pocos.
En la calle Alfarería hay que nombrar al Corral de Los Corchos, en el número 138. Fue llamado así porque sus vecinos eran trabajadores de la fábrica de corcho que entonces existía en la Cartuja.
La Cerca Hermosa en Alfarería 32 es uno de lo mayores corrales trianeros y el cuidado de sus vecinos de su patio y sus flores lo hacen muy especial.
Alfarería es historia de Triana, un paseo alegre y para todos los sentidos.
La Calle Alfarería ES DE TRIANA.